El tango como razón de ser de la existencia


Tuvimos el enorme placer de intercambiar unas palabras con Diego Barragán (guitarrista), César Maroglio (bandoneón) y Antonio “Tony” Vega (cantor) , integrantes del trío Barragán Maroglio Vega, BMV para abreviar. Quienes no solo hacen tango, apuestan a vivir de lo que hacen.  Son parte de una expresión cultural mendocina que ve en el tango una manera de transitar por la vida.

La entrevista que van a leer se les va a pasar muy rápido, todo gracias al carisma y a la onda que los BMV le ponen a todo como una filosofía de vida, por lo que les recomiendo que cuando vean entre parrafos un video de ellos, lo escuchen y disfruten. Desde ya están avisados.

Espuma: ¿Qué hacen en su vida fuera de la música?

BMV: Alimentarnos bien, comer asados y reponer las energías para volver a la música. Después de eso, BMV no existe fuera de la música.

Espuma: ¿Hace cuánto tocan juntos? ¿Cómo se conocieron?

BMV: La banda nace en el 2011, para parar la olla, tocar un poco en la calle y grabar más discos que la Mona. En seis años cambió de formación un par de veces y, aunque esto es data vieja, tocaba un guitarrista que tenía un guante de oro y que luego tuvo que irse a vivir al exterior.

Luego vino un periodo de tránsito que fue el disco “Siempre Alberto”, para terminar en la formación actual. Nos conocimos por el destino básicamente, cada uno estaba en el lugar que tenía que estar, a la hora en que nos teníamos que encontrar.

Espuma: ¿Cuáles fueron sus inicios? ¿Dónde tocaban al principio?

BMV: La cantina Velez Sarfield, Los dos Amigos, La tía Rada, la calle Las heras, donde seguimos tocando cuando podemos, cuando estamos de ánimo o cuando necesitamos dinero para comprar buenos alimentos. Los lugares van cambiando, y en el camino se pierden amigos, no es ventajoso mirar hacia atrás, hay lugares que quedan atrás y ahí quedan muchas historias, ahora pienso en el Pachón, un amigo que fue como un Padre para nosotros y que ojalá pueda ver esto y saber que no nos olvidamos. Después somos amigos de los dueños de Tía Rada, y cuando no vamos nos retan porque faltamos. También está el restaurant de Los Dos Amigos, atendido por el Marcelo, dueño del mejor pan de la Cuarta de Fierro, que nos cuida y nos da de comer y beber, además de instruirnos con su sabiduría. También nos echaron de algún que otro lugar, en donde los dueños creían que trabajábamos para ellos.

Espuma: Se que tuvieron una gira por Chile hace un tiempo, ¿cómo fue la experiencia?

BMV: Chile fue una experiencia única y maravillosa, aunque algo lejana ya como para ahondar en recuerdos. El año pasado nos fuimos a Bogotá y a Medellín al festival de tango. Fuimos de colados, nadie nos invitó, y nos fue bien, a la gente de allá le fascina el tango. Al igual que en Chile, tocamos mucho en la calle, restaurantes, cumpleaños, teatros, es decir; quemamos todos los puentes.

Viajar fue un acto de fé y una prueba de amor de la que salimos parados y con la camisa transpirada. Pero, como dice Zelarrayan, ¡atención a los colados que pueden ser más importantes que los invitados!, ¡atención al huevo roto de la docena! y sigue… Después recordamos el cariño de la gente que nos dio una mano, gente que nos ofreció una amistad desinteresada y sincera. ¿Qué más se puede pedir?

Tocamos para más de 10.000 personas aunque no era un público estable, sentado en la butaca de un teatro, sino más bien transeúntes, personas que se frenaban y aplaudían y nos largaban un billete. Nos sentimos muy queridos, y hasta pasó que en la Séptima (una avenida principal en Bogotá) un señor ofició como guardaespaldas nuestro. Fue la primera vez que tocamos con un agente de seguridad personal. Es más, si la gente no aplaudía, los retaba, eso estuvo muy bien.

 

Espuma: ¿Qué es el tango para ustedes?

BMV:  BMV no existe fuera de la música, el tango para nosotros entonces viene a ser la razón de nuestra existencia.

Espuma: ¿Es difícil hacer tango en Mendoza en plena era de la globalización con ritmos de todo el mundo copando las radios?

BMV: Es difícil hacer cualquier cosa en Mendoza. A nivel movida, el tango está pegando fuerte, hay un montón de bandas nuevas y gente haciendo cosas muy diferentes entre sí. No sabemos si es difícil hacer tango, si te referís a una cuestión de género, o a una cuestión instrumenta, pero es difícil hacer cualquier evento que tenga que ver con lo artístico; no hay un mecenas que te banque la parada, acá todo es a pulmón, y eso te tiene que gustar, y te la tenés que bancar. La dificultad la pone el Dios del gatillo muchas veces, pero nosotros no le rezamos a ese.

Espuma: ¿Cómo ven la movida cultural en Mendoza?

BMV: Enorme, hay una cantidad de gente haciendo cosas muy buenas, y no solo desde lo musical, sino también en otras ramas. Nosotros creemos en lo que está pasando acá, creemos en la gente que está haciendo cosas, a pesar de todo lo que pasa afuera, que se la juegan y van adquiriendo oficio y buen gusto.

Espuma: ¿Qué está haciendo BMV ahora? ¿Qué onda con el disco nuevo?

BMV: El disco nuevo es lo mejor que hemos hecho. Es un disco que habla de la magia, es un disco alegre y tiene un hit atrás del otro. Además es un disco largo, es distinto a lo que hicimos anteriormente y a la vez es igual. Creemos que será olvidado pronto, pero no nos preocupa.

Espuma: Y el futuro, ¿Cómo lo ven?

BMV: Nuestra reja es el presente, no estamos mirando mucho más lejos, no somos Tiresias, pero si hay que vaticinar diríamos que el futuro es un desierto enorme al cual vamos a recorrer caminando, como judios errantes.

Espuma: ¿Cómo definirían a Barragan Maroglio Vega?

BMV: Nosotros no nos definimos de un modo, somos una banda que toca tango, rancheras, foxtrot, chacarera, y otros géneros parientes del sentimiento nacional. Maroglio dijo una vez que somos una especie viajantes del tiempo, ¿unos tangueros perdidos en el tiempo? Maroglio lee Bradbury, por eso dice esas cosas.

 

 

 

 

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