Pinoccio INC. El negocio de la mentira, la verdad desesperada


Pinoccio INC. El negocio de la mentira, la verdad desesperada

El sábado pasado sucedió en La Colombina una función de Pinoccio INC, dirigida por Marina Sananes, protagonizada por Melisa Charco, Bárbara Escot y Gabriela Contreras, con música en vivo de Matías Vivanco Parra y Gabriel Kremarik, vestuario de Rosa Carballo y escenografía de María José Delgado.

Nota: Hanna Lust

-Usted ¿sabe mentir?

-Por supuesto ¡soy licenciada en marketing!

¿Qué pasa si mentimos? Si mentimos siempre, ¿qué pasa si decimos la verdad? O mejor: si nos están mintiendo siempre, ¿qué pasa si nos dicen la verdad sorpresivamente? ¿El teatro miente? ¿El teatro nos muestra la verdad? Cuando asentimos o le hacemos una sonrisa cómplice a quien está al lado, estamos haciendo nuestra a esa verdad que escuchamos. Lo que nunca es mentira es el encuentro. Esperamos en la pequeña vereda de Godoy Cruz, adornada con banderines; afuera de la conocida pero siempre sorpresiva La Colombina. Una vez dentro, con el calor corporal nos vamos aclimatando para un rato con variadas emociones.

Un escenario lleno de virutas, un telón de fondo de restos del aserradero, el ambiente es denso y nos lleva a un terreno de lo marginal, nos sitúa en lo profundo de una fábrica abandonada, pero también en lo profundo de nuestro inconsciente, casi como si estuviéramos soñando. Aparecen música de bandoneón y guitarra de parte de unos personajes oscuros y desaliñados que nos introducen en la expectación de una historia o un suceso. Esta llega de la mano de otros personajes de esos que en la calle visualmente molestarían un montón, estruendosos, entre cariñosos y violentos entre sí, casi infantiles. Y nos cuentan otro de los miles de relatos posibles del conocido cuento.

El pequeño Pinoccio que nos resuena con un poco de alegría en la cabeza, acompañado de una canción; utiliza su don de la mentira para enriquecerse. Y pone a todo el mundo fuera de sí con su omnipotencia, no lo vemos, pero se siente casi como si estuviera detrás de nuestra espalda a cada instante. Sus empleadas, boyando constantemente entre lo cómico y lo trágico, entre lo marginal y lo explotador buscan complacerlo constantemente alimentando su negocio de la mentira, van pasando por nuestros oídos las mentiras diarias segundo a segundo. Hasta que alguna verdad, se escapa.

Nos vamos con la panza llena de empatía, del compartir y encontrarse en el quehacer ajeno. Con la frescura y vigorosidad de un trabajo ineludiblemente joven, con una perspectiva política, feminista y sobre todo teatral muy profunda. La teatralidad nos desborda, no nos deja quedarnos en soledad, nos amontona.

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